Venecia está de enhorabuena: el turismo está cayendo. Parece una contradicción, pero la ciudad de los canales está cerca de morir de éxito. Por eso parece que en 2020 Venecia respira. El número de turistas está descendiendo por dos razones: las inundaciones y la amenaza del coronavirus.

Las autoridades municipales de Venecia llevan tiempo tomando medidas para limitar el número de visitantes a la ciudad. Su efecto ya se ha empezado a sentir en la ciudad: el número de turistas en Venecia ha disminuido este año.

Muchos visitantes han decidido anular su viaje tras las inundaciones registradas el pasado año, mientras que otros aplazan su viaje ante la amenaza del coronavirus ante las aglomeraciones previstas.

Los hoteles tienen una ocupación media del 70% este año, según el periódico regional Il Gazzettino, y muchas de las fiestas y bailes de máscaras que se celebran anualmente durante el período de carnaval han sido canceladas ante escasa asistencia.

Más allá de la circunstancias, Venecia va a empezar a cobrar un impuesto por visitarla. El próximo mes de julio entrará en vigor el impuesto diario por acceder a la ciudad, que variará en función del momento del año y la demanda de visitantes. Además, las autoridades han anunciado la puesta en marcha un nuevo sistema de vigilancia y conteo de turistas.

Un sistema de sensores y 34 cámaras se ha instalado a lo largo de las calles más concurridas de la ciudad y se está probando durante el Carnaval, uno de los momentos del año más concurridos de visitantes. Sus datos deben servir para comprender «de dónde vienen los visitantes, cuánto tiempo permanecen en la ciudad y distinguir a los turistas de los que viajan diariamente», explica la concejal de turismo de Venecia, Paola Mar.

La idea es comprender las tendencias en los lugares donde podrían ocurrir cambios en los flujos. Usando WiFi, el sistema envía datos a una sala de control cada cinco segundos sobre la cantidad de personas presentes, cómo de rápido se mueven y en qué dirección.

Las autoridades insistieron en que el sistema respetaría la privacidad de los visitantes «ya que no monitoreará las caras», aunque dichos sensores «interactuarían con los teléfonos móviles» para averiguar de dónde venían las personas.

El municipio también planea introducir límites en el número de propiedades que se utilizan como alojamiento. Además de restringir el número de visitantes, esta medida tiene como objetivo frenar la despoblación de Venecia, ya que los alquileres turísticos han obligado a los residentes a abandonar el centro de la ciudad.